Amigos

miércoles, abril 07, 2010

El Ajedres


I
En su grave rincón,

los jugadores Rigen las lentas piezas.

El tablero

demora hasta el alba en su severo

Ámbito en que se odian dos colores.

Adentro ,

irradian mágicos rigores

Las formas:

torre homérica,

ligero Caballo,

armada reina,

rey postrero,

Oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido

Cuando el tiempo los haya consumido,

Ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra Cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra. Como el otro, este juego es infinito.




II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada Reina, torre directa y peón ladino Sobre lo negro y blanco del camino Buscan y libran su batalla armada. No saben que la mano señalada Del jugador gobierna su destino, No saben que un rigor adamantino Sujeta su albedrío y su jornada. También el jugador es prisionero (La sentencia es de Omar) de otro tablero De negras noches y de blancos días. Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza De polvo y tiempo y sueño y agonías?

Jorge Luis Borges

jueves, marzo 18, 2010

Claroscuro





A esta retorica decadencia,
de escribir.
De desandar corredores
con cerrojos en el alma.
Estos claroscuros de palabras.
A veces certeras...
A veces ambiguas.
Estas letras cargadas
de vientos y mareas.
De recuerdos fragmentados.
Que vuela,
inevitablemente...
A esa misma orilla.
A este ser vedado por las sombras.
A este trazo de ocaso,
entre las manos.
A este ser humanos,
tan complejo,
que fecunda a veces,
una frase certera.
Y entonces,
irrisoriamente
se le permite un lugar...
En las borrascas del misterio.
Y entonces ahí...
late el poema

Demian